25 de febrero de 2008

RAZES



Razés
Razés se interesó desde muy joven por la música, las lenguas y la ciencia, pero fue hasta los 30 años cuando se dedicó a estudiar medicina en Bagdad. Dirigió después un hospital en Raj y fue tan famoso que el califa lo llamó a su corte. Razés legó una gran obra literaria de la que sólo se han conservado unos fragmentos. El Liber continens, es una colección de sus escritos que se recopilaron después de su muerte.






Tratado de la viruela y el sarampión [1]

En el nombre de Dios, el compasivo, el misericordioso, Abu Bak Muhammad ibn Zacariya dice: Fue cierta noche en una reunión en la casa de un excelente y bondadoso noble, muy ansioso de la explicación y facilitación de Ciencias útiles para la el bien de la humanidad cuando se mencionó la Viruela; dije entonces lo que recordaba acerca de esa materia. Después de ello nuestro huésped (Dios ha de favorecer a los hombres lo que les queda de vida) expresó el deseo de que compusiera una narración adecuada, sólida y completa de esta enfermedad, porque hasta la actualidad no había aparecido, ya sea entre los antiguos o modernos, un informe exacto y satisfactorio sobre ella.
Por eso compuse esta narración, con la esperanza de recibir mi recompensa del todo poderoso y glorioso Dios y esperando su buena complacencia.
I. Si algún médico dice que el excelente Galeno no ha hecho mención de la viruela y que ignoraba completamente esta enfermedad, ha de ser alguno de ellos que nunca ha leído sus trabajos, o que lo han hecho muy a la ligera. Galeno describe un emplasto en el primer libro de su Tratado Kataguenos, diciendo que es útil para distintas enfermedades “y también para la viruela”. Nuevamente al comienzo del libro decimocuarto de su tratado De los pulsos, en las primeras páginas dice que “a veces la sangre está putrefacta en un grado extraordinario y el exceso de inflamación avanza tanto que la piel se quema, y es allí donde brota la viruela y las escoriantes erisipelas, por las cuales se corroe”. Nuevamente en el noveno libro de su tratado Sobre el uso de los miembros, dice que las partes superfluas del alimento que no se transforman en sangre y quedan en los miembros, se pudren y se acidifican más en el transcurso del tiempo, hasta que generan erisipelas, viruela e inflamación progresiva. De nuevo en el cuarto libro Tineo, dice que los antiguos aplicaron el nombre a toda enfermedad que presentaba inflamación como la erisipela y viruela, y que, en su opinión, eran generadas por las bilis. Si a pesar de esto, alguno dice que Galeno no ha mencionado ningún modo de tratamiento peculiar y satisfactorio de esta enfermedad está en lo cierto.
Ya que, a no ser que haya hecho así en algunos de sus trabajos que no se publicaron en Arabia, no ha hecho ninguna mención de ella fuera de las que hemos citado. Por mi parte he averiguado cuidadosamente quiénes conocen las lenguas siria y griega, y les he interrogado sobre la materia. Pero ninguno pudo agregar algo a lo que he mencionado y la mayoría de ellos realmente no sabía lo que significaban aquellos pasajes que he citado distintamente.
Esto me sorprendió mucho así también como el hecho de que Galeno pase por alto esta enfermedad que ocurre tan frecuentemente y que requiere un tratamiento cuidadoso, cuando en otras se muestra tan ansioso de descubrir sus causas y su tratamiento. En cuanto a los modernos, aunque hayan hecho ciertamente alguna mención del tratamiento de la viruela (pero sin mucha precisión y distinción), todavía ninguno de ellos ha mencionado la causa de la enfermedad, como es difícil que alguien no la adquiera, ni ha estudiado correctamente su tratamiento. Por esta razón, tenemos la esperanza que la recompensa de aquel hombre que nos ha dado el valor de componer este trabajo, así como en la nuestra propia, se verá duplicado desde que hemos mencionado todo lo que es necesario para el tratamiento de esta enfermedad y, con el permiso de Dios, arreglado y cuidadosamente dispuesto todo en su lugar correcto. Empezaremos ahora, por lo tanto, mencionando la causa eficiente de este mal, y porque difícilmente alguno le escapa, y después trataremos de las cosas que se relacionan con él, sección por sección, (con la ayuda de Dios), sobre todo esos puntos, los cuales estudiaremos con amplitud. Digo que todo hombre, desde el nacimiento hasta la ancianidad, tiende continuamente a la sequedad; y por esta razón la sangre de los niños y de las criaturas es mucho más húmeda que la sangre, y todavía más que los ancianos. Además de esto, es mucho más caliente, como Galeno lo atestigua en su Comentario sobre los Aforismos en el cual dice que: “el calor de los niños es mayor en cantidad que el calor de los jóvenes y el calor de estos es más intenso en cualidad”. Esto además, es evidente por la fuerza con que tienen lugar en los niños los procesos naturales como la digestión y el crecimiento del cuerpo. Por esta razón la sangre de los niños y de las criaturas puede compararse al mosto, en el cual todavía no ha empezado la cocción, ni la fermentación que conduce a una perfecta madurez. La sangre de los jóvenes puede compararse al mosto, ya que ha fermentado, emitido un silbido y arrojado abundantes vapores y sus partes superfluas, como vino que, ya aquietado y sin espuma, ha alcanzado su fuerza máxima. En cuanto a la sangre de ancianos puede compararse al vino que ha perdido su fuerza y que ha empezado a ponerse insípido y agrio. La viruela aparece cuando la sangre se fermenta y se pudre de modo que los vapores superfluos son arrojados a ella, y la sangre de las criaturas, que es como mosto, se convierte en sangre de jóvenes que es como vino perfectamente maduro; la misma viruela puede compararse a la fermentación y el silbido que ha ese tiempo ha tenido lugar en el mosto. Esta es la razón por la cual los niños, especialmente los varones, raramente escapan a esta enfermedad, porque es imposible evitar el pasaje de la sangre de este estado a otro, lo mismo que es imposible evitar que el mosto (cuya naturaleza es emitir un silbido y fermentar) se transforme en el estado por el cual pasa después del silbido y de la fermentación. Raramente un niño o una criatura que posea un temperamento que permita a su sangre pasar del primer al segundo estado poco a poco, despacio y ordenadamente, de tal modo que esta fermentación y silbido no se evidencien en la sangre. Ya que un temperamento, para presentar así un cambio gradual, debe ser frío y seco, mientras que el de los niños justamente lo contrario, así como es su dieta ya que el alimento de las criaturas consiste en leche; y aunque el alimento de los niños no consiste en leche, está más próximo a ella que el de cualquier otra edad. Hay también mayor mezcla en su alimento así como también más movimiento después de él, por cuya razón un niño raramente escapa de la enfermedad. Alteraciones posteriores se producen, según su condición, de acuerdo con su temperamento, régimen y disposición natural, el aire que lo rodea y el estado cualitativo del sistema vascular, pues en algunos individuos la sangre fluye más rápidamente, y en otros despacio; en algunos es abundante y en otros, deficiente; en algunos de mayor calidad y en otros, menos deteriorada. En los jóvenes la maduración de su sangre, que ya ha pasado al segundo estado, está establecida y son exhaladas las superfluas partículas de humedad que necesariamente causan putrefacción. De aquí resulta que sólo algunos individuos entre ellos adquieren esta enfermedad; esto es aquellos cuyo sistema vascular es demasiado jugoso o se ve corrompido en cualidad, por una violenta inflamación; o quienes en su infancia tuvieron varicela, por lo cual, la transición de la sangre del primero al segundo estado no ha sido perfecta. También se produce en aquellos que tienen un calor débil o poca humedad; en aquellos que habiendo tenido la varicela en su niñez son de cuerpo delgado y seco, de color débil y apacible; y en los que al convertirse en jóvenes, usaron una dieta para fortalecer y engordar su cuerpo, o una dieta que corrompió su sangre. Los ancianos rara vez adquieren viruela, exceptuando una constitución pestilente, pútrida y maligna del aire, donde principalmente prevalece esta enfermedad. El aire pútrido que tiene y una proporción indebida de calor y humedad, y también un aire inflamado, promueve la erupción de esta enfermedad, convirtiendo a su propio temperamento el espíritu de los ventrículos del corazón y convirtiendo por medio del corazón, la totalidad de la sangre en las arterias en un estado de corrupción análogo al suyo.







[1] Abu Bakr Muhammad ibn Zakariya al-Razi (Razes), Tomado de: José Gaspar Rodolfo Cortés Riveroll, Domingo Pérez González y Salvador Rosales de Gante, Lectio et disputatio, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2003, p. 78-87.